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Actualment estem escrivint un llibre del nostre últim viatge a Àsia. En ell explicarem les vivències del llarg viatge d'un any, tot per terra, en el que vam endinsar-nos a la India, Pakistan, Xina, Vietnam, Laos, Tailandia i retorn a la India. De nou a Delhi i després de desfer-nos del vol de tornada, vam entrar altre cop a Pakistan, on ens va enxampar el devastador terratrèmol de l'octubre passat, i vam creuar Iran, Turquia i Bulgaria, des d'on vam agafar l'ultim dels busos que ens va dur a casa.

No tenim ni idea de si podrem publicar-ho, de fet ja veieu que no tenim ni títol encara, però si algú hi esta interessat que es posi en contacte amb nosaltres.

De moment només tenim escrits els capítols de les primeres estades a la India i Pakistan, d'on us oferim aquests fragments:


INDIA 1

"Caminamos un poco por los callejones de Paharganj, en un estado casi de euforia, abrumados por lo que teníamos delante. Nunca imaginé que me impresionarían tanto estos primeros momentos del viaje. Se abría ante nosotros, por segunda vez, la agradable perspectiva de pasar un tiempo sin final a la vista, en libertad total, en un lugar que nos absorbió desde el primer minuto.

La sensaciones que tienes cuando viajas sin ninguna prisa no se como explicarlas, pero me levantaba cada día con una tranquilidad interior enorme. Sabía que estaba haciendo lo que realmente me gustaba, haciendo realidad mis sueños, que estaba siguiendo lo que me dictaba el corazón. Estando en casa, siempre, cada día, tenia la sensación de estar desperdiciando mi vida, yo no quería una casa grande, ni coches buenos ni pantallas de plasma. Si igualmente quería vivir humildemente, porque tenia que estar gastando mi juventud labrándome un futuro que no deseaba. Mejor hacer ahora lo que realmente quería, y ya tendría tiempo de pensar en el futuro, un futuro que al desearlo sencillo, no tenia porque preocuparme demasiado...
"

 

"El atardecer es el momento más especial del día en Har-ki-Pairi. De repente empezó a llegar gente  por todos los flancos de ghat y nos juntamos todos sentados a orillas del rió. Cuando oscureció oscuro del todo, tres brahamanes realizaron la ceremonia de culto al Ganges, con fuego, música, campanas, incienso quemando... la gente hacia sus ofrendas, hojas con una vela dentro que se iban desplazando lentamente por el corriente, hasta formar una inacabable procesión de pequeños fuegos sobre el agua.
Una mujer nos da dos hojas y nos dice que la sigamos, nos metemos descalzos al Ganges con ella y realizamos nuestra ofrenda al río, nos sonríe y se va. Así es la India, su hipnótica espiritualidad, nos quedamos sentados con los pies en el agua mirando a la gente, no me preguntéis cuanto tiempo, se había detenido.

...Ya que he citado a los brahamanes, aprovecho para explicar, desde mi ignorancia, cuatro cosas que aprendimos de la religión hindú y del sistema de castas en la India:
Los brahamanes son la casta más elevada del hinduismo, son los sacerdotes, y según se cuenta nacieron del la boca de Brahma. Brahma es uno de los millones de manifestaciones que hay del Dios único hindú, Bhramán, la realidad última. Entre las manifestaciones o dioses con más adeptos del hinduismo (ya que la veneración a una o otra manifestación de Brahaman es cuestión de elección personal, o de predilección de un grupo social o casta), están Vishnu y Shiva, que junto a Brahma forman el trimurti o trinidad hindú. Brahma interviene en la creación del universo, por lo que las castas provienen de él. Vishnu es el que protege todo lo bueno del mundo, el Ganges nace a sus pies, y entre sus encarnaciones están Khrisna o el mismo Buda. Shiva es el destructor, pero que sin él no podría haber creación. Shiva es también el señor del Yoga y es considerado el marido perfecto por su devoción a su esposa Parvati.
Otro dios muy conocido y entrañable, imágenes del cual se pueden ver en casi cualquier casa india, es Ganesh, el dios de la buena fortuna, azul y con cabeza de elefante.
Entre las diosas, la que más nos llamo la atención es Kali, la diosa negra con sed de sangre, cubierta de calaveras y a la que aun hoy se le ofrecen sacrificios de cabras, antaño humanos, en los templos destinados a su devoción. Más adelante, en Kolkata, nos encontramos paseando descalzos sobre la sangre de las cabras cuando visitamos el templo de Kali de la ciudad.
Como ya he dicho antes, el panteón hindú esta formado por millones de dioses, estos son solo algunos de los mas importantes.
Por lo que refiere a los textos sagrados hindús, estos se dividen en dos categorías, los que provienen de Dios o “shrutís”, y los escritos por los hombres o “smritis”. Los famosos Vedas son de los primeros, siendo el mas antiguo el Rig-Veda, fechado tres mil años atrás. Entre los “smritis” más famosos están el Ramayana o el Kamasutra...

...Siguiendo con el sistema de castas, después de los brahmanes, la casta más alta, vendrían los guerreros, que nacieron de los brazos de Brahma, después los comerciantes, que nacieron de sus muslos, y finalmente los campesinos, que nacieron de sus piés. Por debajo de todas estas castas están los Dalits, o intocables. Actualmente estos siguen siendo la clase más desfavorecida de la India, teniendo el monopolio de los trabajos más duros y degradantes.
Este sistema sigue muy vigente en la India, pudiéndose diferenciar la casta de cada cual con un poco de observación. Los Dalits son fácilmente reconocibles, y aunque ahora lo de intocable no es tan estricto como antaño, cuando la gente se apartaba de ellos en la calle, la mayoría siguen siendo mendigos o gente muy pobre.
Por otro lado, el estado hace años ya que prohibió el sistema de castas, e incluso se reservan plazas de empleo publico para los Dalits. De todos modos una tradición milenaria no se termina simplemente con una prohibición, hacen falta muchos años y un cambio de mentalidad progresivo de la sociedad...
"

 

"De cerca, este enorme mausoleo o monumento al amor como muchos lo llaman, construido con un mármol blanco que te ciega los ojos por el reflejo del Sol, es realmente espectacular, pero sigo pensando que no vale la pena entrar. Desde el otro lado del río, donde fuimos después, es tanto o más bonito. Para llegar a este lugar tienes que cruzar uno de los puentes más transitados de la India, quedando este bastante lejos del mausoleo, con lo tomamos un rickshaw para ir. Cruzar el puente es un experiencia en si mismo, tardamos más de una hora en llegar al otro lado, y es que allí vale y circula de todo, rickshaws, ciclorickshaws, coches, carros de bueyes, carros de caballos, carros de camellos, vacas sueltas, pastores con su rebaño de cabras, motoristas, biciclistas y gente a pie. Todo esto junto y apretado en un enorme atasco con cada uno intentando avanzar por su cuenta:

  • Joder Sheila, esto es impresionante, me encanta estar aquí.
  • Si, realmente es un país especial, creo que no hay otro país en el mundo que se parezca a este. Es genial poder ver y vivir esto.

Las orillas del río están siempre llenas de niños jugando, hombres en barca y mujeres paseando sus rebaños. El Taj Mahal es el decorado, con la puesta de sol cambiando el color del mausoleo de blanco a dorado, después a rojo, después a azul… es un lugar muy especial.
Los niños hacen arte de todas las artimañas aprendidas a costa de ver, casi cada día, algún turista que se deja caer por aquí. Te piden todo, desde dinero hasta mecheros, todo lo que se pueda vender es bienvenido. Dinero para que les hagas una foto, dinero por una rana que acaban de pescar en el rió, dinero por nada, que les des tus zapatos, tus brazaletes… Esta vez pero, acabaron viendo que no iba a caer nada y jugaron con nosotros sin pretender nada a cambio. Lo pasamos muy bien aquel día, y cada vez se fueron juntando mas niños al ver dos blanquitos intentando jugar al críquet. Sheila y yo estábamos encantados, realmente viajamos por momentos como este, el Taj Mahal estaba ya olvidado..."

 

"Aun que no podíamos pedir más, no todo fue perfecto en Kalpa. Estábamos en marzo, y al caer el Sol el pueblo se conviertió en una nevera. La pensión donde nos alojábamos rara vez veía turistas indios en verano, pero en invierno ya era algo totalmente inesperado, con lo que nada de fuego o estufas, ni puertas o ventanas que cerrasen bién. Dentro de la habitación debíamos estar varios grados bajo cero, así que con toda la ropa que llevábamos en la mochila puesta, y metidos dentro de los sacos de dormir aún tiritábamos.
Sheila empezó a tener fiebre. Además era domingo, así que no había nada abierto para comprar algo de comer, y en la pensión en invierno no cocinaban para nadie. Al final conseguimos que nos abrieran una tienda y compramos cuatro huevos y un cuarto de kilo de arroz que nos dejaron preparar en la cocina de la pensión.
No habíamos almorzado nada, algo que por desgracia ya era bastante habitual, y para cenar eso, un par de huevos duros con arroz de gusto dudoso. Con estas nos fuimos dormir aún de claro.
Minutos más tarde estaba ya nevando a lo grande cuando el chico del hotel llamo a la puerta:

  • Namaste, como estáis?
  • Bueno, la verdad es que con hambre, y con un frio de cojones.
  • Solo quiero advertiros que si sigue nevando así os vais a tener que quedar aquí algunos días. La carretera se llena de nieve y ni el bus a Rekong Peo ni ningún coche del pueblo va a bajar hasta que la limpien. Ya has visto que si patinas te vas directo al infierno.
  • Tu crees que va a seguir nevando así o parará? Ha nevado mucho últimamente?
  • Hace cosa de un mes ya quedamos aislados más de una semana. No estoy seguro de si va a seguir nevando o no, pero lo más sensato seria que bajarais ahora  a Rekong Peo, aunque si sigue nevando como ahora tampoco podréis salir para Shimla, la carretera principal también queda cortada.
  • Bueno, déjamelo pensar y te digo algo.
  • El último bus que baja hoy es a la ocho, en media hora.
  • Ok.
  • Namaste
  • Namaste"

 

"El complejo del Templo de Oro es básicamente un espacio cerrado con el Amrit Sarovar (estanque del néctar) en el centro, el mismo que dio el nombre a la ciudad, Amritsar, y alrededor del cual van girando los peregrinos. En medio del estanque se encuentra el Templo de Oro propiamente dicho, con una cúpula según parece  recubierta por 750Kg de oro puro, metal que resalta sobre la blancura del mármol del resto del complejo. Al templo se accede por una larga y estrecha pasarela sobre el agua conocida como el puente de los gurús, abarrotada todo el día de gente haciendo cola para pasar a ver el libro sagrado y hacer sus ofrendas.
Para entrar al recinto, como en cualquier templo Sij, tienes que descalzarte, lavarte los piés y cubrirte la cabeza. También como en todos los templos Sijs, aquí hay cocinas comunitarias que preparan comida gratis para todo el mundo, fiel o infiel. En este se reparten unas treinta mil raciones diarias, y encima puedes alojarte también  gratuitamente en el albergue para peregrinos del complejo.
A pesar de las multitudes, hay un silencio casi total, solo roto por las canciones de los sacerdotes del interior del templo, que cantan turnándose, las veinticuatro horas al día.
En el recinto se respira una profunda espiritualidad, incluso para los no creyentes como nosotros se hace evidente que te encuentras en un sitio especial, un lugar donde la fe se convierte en una realidad, puedes sentir que hay algo, no se como explicarlo, pero ellos parece que lo han encontrado. Es el mismo sentimiento que tuvimos en las grandes mezquitas de Pakistán e Irán y que un nunca he sentido en una iglesia, no me preguntéis por que, pero es evidente que la sociedades occidentales carecen de la espiritualidad de oriente, y en busca de esta supuesta libertad total del individuo, libre incluso de creencias, nos hemos convertido en seres vacíos, en maquinas de trabajar para conseguir unos objetivos materiales fugaces y sin valor, mientras en oriente el objetivo de la vida sigue siendo la paz interior.
"

 

"Otro punto que llama especialmente la atención en los Sijs es su aspecto. Una de las normas del sijismo es la de no cortarse ni barba ni pelo jamás. La barba se acaba retocando casi siempre, pero el pelo no. Este lo llevan recogido en su divertido e inseparable turbán, que de hecho, es lo que te permite diferenciar a los Sijs de los demás con infalibilidad total. Nos dijeron que un adulto puede tardar de una a dos horas en ponerse el turban, y que además esta ardua tarea no se puede hacer solo.
Más características de la conducta Sij: no está permitido el consumo alcohol, drogas y tabaco, lo que nos hizo imposible encontrar un paquete de cigarrillos cerca del Templo de Oro. El adulterio se considera pecado, se debe considerar a la esposa de otro hombre como a su hermana o su madre, y a su hija como a su propia hija. Las mujeres Sij tienen la misma alma que el hombre, no se usa velo y la dote y el divorcio están prohibidos, así como el adulterio, igual que en los hombres. No se puede comer carne matada al estilo musulmán. No se cree en el celibato, el matrimonio y la vida familiar se considera ideal. A los oficios religiosos pueden asistir y pueden celebrarlos mujeres y hombres por igual. Y para acabar con el tema, contar que en el sijismo existen los soldados santos, una hermandad elegida que cumple a rajatabla las normas religiosas. Estos soldados van armados con una daga y una enorme espada al más puro estilo Simbad. No hay problema alguno, en la India, si es religioso, es legal. Así, te puedes encontrar cenando al lado de un Sij, con su mastodóntica espada encima de la mesa, o haciendo cola en la estación de tren con un sadhu hindú y su neptúnico tridente dorado. Es jodídamente genial, surrealista, es la India.
"

 

PAKISTAN 1

"El interior de aquel bus, como la mayoría de buses urbanos de Pakistán, estaba dividido por una pared de plancha en dos compartimientos, el de los hombres y el de las mujeres. Sheila se sentó delante, así que nos pasamos todo el viaje hasta Lahore sin poder hablar, aunque estando juntos creo que tampoco hubiéramos cruzado palabra. I es que por la ventana del bus se nos mostraba otra vez la India, el mismo paisaje, el mismo caos de gente, de vehículos, de carros, las mismas casas de barro, los mismos restaurantes con sus enormes ollas al fuego, los mismos mercados… parecería que no habíamos cruzado una frontera de no ser por el aspecto de la gente. 
Ahora los rostros de los hombres estaban escondidos bajo prominentes barbas, y todos iban vestidos exactamente igual, con el tradicional Shalwar-Kameez, aquella camisa larga hasta las rodillas con pantalón ancho a juego. Ya habíamos visto los musulmanes vistiendo así en la India, pero aquí claro, son aclaparadora mayoría. Pero es que además todo el mundo viste así en Pakistán, desdel humilde agricultor hasta el abogado más rico. Esto es algo que Sheila y yo encontramos genial, aquí la moda no existe, nada de gastarse dinero estúpidamente para llamar la atención. Aquí todo el mundo lleva lo mismo, lo mas cómodo y sencillo posible, que por cierto  es como dice el Coran que hay que vestir.
El hecho de que toda la gente tenga este aspecto tradicional, con las mujeres también vistiendo coloridos saris como en la India, te da una grata sensación de estar en un sitio especial, extraño y antiguo. No es la misma esta gente que la puedes ver en viejas pinturas de la ruta de la seda, con sus turbantes o sus gorros pashtun, avanzando de pie sobre su carro de caballos? Realmente me parecía, igual que nos paso en la India, que habiamos viajado en el tiempo más que en la distancia.
De repente me desatonto y me doy cuenta de que voy en bus y no en camello… pero daba igual, ya estábamos en Pakistán y esto tenia una pinta increíble, más India, pero con una cultura completamente distinta a descubrir, y nada de turismo…
Sheila y yo nos pasamos el trayecto hablando con hombres y mujeres respectivamente, y al acto ya te das cuenta que no están nada acostumbrados a ver a turistas. Te hablan sinceramente, solo para saber más cosas de ti, y no para sacarte algo como pasa demasiadas veces en la India. Así de entusiasmados nos bajamos del bus al llegar a Lahore..."

 

"Sin duda una de las cosas más nos impacto fue ver las primeras mujeres vestidas con burka. Ya vimos un par en Islamabad, pero desde el bus, a lo lejos. Aquí en Peshawar son la mayoría, y no dejas de cruzarte con estos impactantes vestidos andantes, que es lo que parecen. De hecho hay cientos de tiendas de burkas por todo el bazar, mostrando tallas y colores de esta infame prenda, y dándote la sensación de que sean mujeres las que estén allí colgadas de las perchas.
Probamos de hablar con mujeres con burka pero nos disuadían en seguida con la mano. Al final una de ellas, en un pequeño entrante de la calle principal me habló, en inglés, diciéndome solo que no podía, que alguien nos podría ver. Se me estremeció el corazón al oír aquella voz de jovencita bajo su prisión, y es que incluso puedes llegar a distinguir el brillo de los ojos de quien se esconde detrás la burka si tu cara pasa cerca de la rejilla, la que tienen para ver al menos por donde van.
Muchas de las mujeres que visten esta prenda son afghanas, de hecho, Peshawar parece mas una ciudad de Afganistán que de Pakistán, por eso es tan especial. Así como Lahore, Karachi, u otras ciudades pakistaníes son muy parecidas a sus contrapartes Indias, esta no se les parece en absoluto.  En realidad es como si hubieses ido a Afghanistan en la época Taliban, antes de la invasión americana. "

 

"Nos pasamos casi una semana en Peshawar, totalmente absorbidos por el ambiente que se respiraba. Nos encantaba ir a comer en las garitas de la ciudad vieja, llenas de pollos colgados en ganchos, y que te cocinaba un viejo barbudo a fuego de leña. Chicken karai por ejemplo, pollo troceado con salsa de tomate y mucho mucho picante. Al final ya nos conocían hasta los gustos, así que no hacia ni falta pedir la comida sosa, sin picar, me miraban con la cuchara llena de salsa picante para que me asustara y todo el local se partía de risa. Era toda una experiencia, platos mugres, comer con las manos, y sobretodo tomar un buen chai al final con todo el mundo sentado en nuestra mesa.
Realmente lo pasamos genial en Peshawar, la gente nos trato estupendamente, no podíamos hacer dos pasos sin ser invitados a tomar más y más tes. Hasta el hombre más rudo te cruzaba una mirada inquisidora para acto seguido dibujar una sonrisa y pedirte que le hicieses una foto con su hijo. La bién conocida hospitalidad musulmana hacía acto de presencia hasta en el rincón más duro del país.
Por otro lado, aquí Sheila tenía que salir siempre a la calle con el velo puesto, en Peshawar ninguna mujer va sin él, es más, ya he dicho que es incluso difícil ver alguna sin burka. Es por eso que se nos hacia muy difícil entender estas contradicciones, como pueden ser unos tíos tan de puta madre y a la vez  hacer vestir de esta manera a su mujer..."

 

"Nos despedimos de nuestros compañeros pakistaníes que aún estaban medio dormidos y salimos por fin del bus. En la misma estación encontramos un rickshaw compartido, pedimos precio, regateamos, subimos y esperamos que se llenase para poder marcharnos.
Entrar a Gilgit no es tarea fácil, desde prácticamente el exterior de la estación hasta el centro de la ciudad hay enormes barricadas de filfierro para detener los coches, y al lado de cada una de ellas, un militar con una amenazante metralleta apuntándote detrás de una trinchera de sacos.
Al menos nos paramos diez veces para el checkeo de los documentos de identidad, en nuestro caso los pasaportes, pero al final llegamos a destino.
La ciudad parecía estar en estado de sitio, a parte de las omnipresentes trincheras y metralletas en cada esquina, no paraban de circular camionetas de militares arriba y abajo, y había muy poca gente en la calles, la tensión realmente se notaba en el ambiente.
Saltamos del rickhsaw cuando nos avisó el conductor..."

 

"La segunda noche en Gigit, veníamos de cenar de un restaurante donde hacían el más bueno y barato chiken karai que comeríamos en Pakistán. Cuando llegamos al hotel el portal estaba cerrado, llamamos un buen rato hasta que nos abrió un viajero que aun no habíamos visto:

  • Eh! De donde venís? que hacéis fuera? no habéis oído los disparos?
  • Que disparos, estábamos cenando, no nos hemos enterado de nada.
  • Pues ha habido disparos, hace poco, aquí al lado del hotel!
  • Joder, pues no lo sabíamos, pero ya hemos visto que no había nadie en la calle. Pensábamos que era normal, es bastante tarde.
  • No, que va. El tipo del hotel aún no sabe nada, pero me ha dicho que debe ser otro pataleo entre chiítas y  sunnitas. A lo mejor mañana la cosa esta fea.
  • Aquí la cosa creo que esta fea siempre.
  • Por cierto, hay alguna tienda abierta?
  • Si, la de la esquina. Esta muy cerca y la calle está tranquila.
  • Ok, pues voy a comprar algo, con todo el lío no he salido a comer nada.
  • Ok, nos vemos luego.

Ya dentro y mientras tomábamos unos chais con dueño, este nos contó que los enfrentamientos son muy frecuentes en toda zona, no solo en Gilgit, así que si queríamos rondar por el Karakorum, tendríamos que acostumbrarnos. "

 

"Al parecer, unos sunitas habían asesinado un chiíta haciendo parar la furgoneta donde iba con otros pasajeros, los habian hecho bajar a todos y lo habían matado a él  por el solo hecho de ser chiíta. Esto no ocurrió en la carretera de Skardu a Gilgit, sino a unos cien kilómetros, en la KKH.
Lo que pasaba es que el hombre asesinado era de Skardu, y el día en que queríamos marcharnos llego el cadáver a la ciudad, se hizo el entierro y se esperaban alborotos y posibles actos de venganza eminentemente.
Las tiendas estaban cerradas, por la calle no corría nadie, las pocas farolas que había no se encendieron por la noche, parecía una ciudad fantasma. Hablamos con el tipo del hotel:

  • Oye, estás seguro que nadie va a viajar a Gigit.
  • No lo creo, las furgonetas K2 son de un sunnita, y no quiere viajar por miedo a represalias. Las furgonetas Masehrburn son de un chiíta, y aun menos viajara viendo lo que ha pasado.
  • Y cuando decidan salir, como se que no va  a pasar nada?
  • Esto no lo sabe nadie, quizás paren la furgoneta, pero en principio a vosotros no os harían nada.
  • Ah, en principio… Bueno, a ver si mañana está todo un poco más tranquilo.

El día siguiente no hubo transporte, y aunque algunos comercios abrieron, la tensión seguía bien patente en los rostros de la gente. La verdad es que la ciudad no tenía nada que ver con la que nos encontramos una semana antes al llegar..."

 

"Passu es un típico pueblecito de carretea, muy pequeño, con una sola tienda que casi nunca esta abierta y dos pensiones cutrísimas.
Como ya venia siendo habitual, Passu también estaba enclavado en un paraje espectacular en medio del Karakorum..
Desde aquí se pueden hacer caminatas geniales por tu cuenta, incluso con un solo día puedes ir volver de los glaciares próximos, y por supuesto hacer la aquí famosa caminata de los puentes.
El segundo día nos levantamos muy temprano, preguntamos como se iba al primero de los puentes colgantes y nos dirigimos hacia allí. Nos perdimos por supuesto, hasta que encontramos a una chica local, muy tímida y quemadísima por el sol y la altura. Hicimos un poco de mímica para preguntarle donde estaba el puente y ella nos hizo un gesto para que la siguiéramos.
Con la lengua fuera durante una hora intentado no perderla de vista, pués caminaba en aquel terreno a tres mil quinientos metros de altura como quién camina por la playa, llegamos al puente.
Nos despedimos de ella y le dimos mil gracias por acompañarnos. Después de tanto tiempo entre musulmanes ya no nos sorprendió en absoluto que ella se volviera atrás, había venido hasta aquí solo por hacernos un favor.

Cojonudo, ya estábamos delante del puente, y si te os dijera que los que salen en Indiana Jones son el Golden Gate comparado con este, no estaría exagerando nada. Este puente, de unos trescientos metros de largo, no era más que cuatro cables de  acero, dos a la altura de las manos para poder sujetarte, y dos más debajo que sostenían los travesaños de madera atados con cuerdas y filfierros. Estos travesaños, puestos de cualquier forma y separados anárquicamente cada más o menos un metro, eran lo único que te separaba de la caída libre al suelo o al río, dependiendo de en que parte del puente  estuvieses.
No estoy del todo seguro de que fuera peor caer al suelo que al agua, pues esta provenía del deshielo de los glaciares cercanos, no podrías aguantar más de un minuto dentro. I como no, mucho viento, lo que hacía tambalear el puente de un lado a otro.

  • Quien pasa primero Jordi?
  • Pasamos los dos juntos, yo voy detrás tuyo.
  • No, que me vas a hacer mover demasiado, yo voy tirando y cuando esté más o menos en el medio entras tú.
  • De acuerdo, mientras te haré un par de fotos para conservar un recuerdo tuyo.
  • No seas gilipollas eh! Ya estoy suficientemente cagada para que me salgas con estas.
  • Vale vale! Era una broma, no te preocupes, sujétate fuerte con las manos y ve despacio mirando bién donde pisas.
  • Si, el profesional… ya me gustará verte a ti."

 

"Empezamos a subir y subir, gruesos manteles de nieve cubrían ya todo el paisaje, y al llegar más o menos a los cuatro mil metros, las paredes del Karakorum se abrieron para dar paso a un espectáculo visual impresionante. 
Desde lo que parecía una enorme planicie a las alturas, se nos mostraban multitud de picos nevados hasta donde llegaba la vista, yaks pastaban sobre la nieve, y  pequeños lagos turquesa luchaban contra el acoso del hielo.

Estuvimos circulando por ese sobrecogedor paradero mas de una hora, hasta que apareció. Se distinguía desde muy lejos en ese entorno tan blanco, una enorme bandera roja ondeaba sobre el único edificio en centenares de kilómetros. Estábamos ya casi en China, pero primero cruzamos por debajo de una señal de tráfico donde se podía leer en inglés, urdu y chino: Khunjerab Pass, 4,730m. "